miércoles, 26 de febrero de 2020

Concesión del perdón

En medio del concepto del perdón, siento una mezcla de pasiones que se alejan una de la otra:
El amor, que jura que olvidará todo lo hecho y que buscará su camino propio en pos de la sanación.
La culpa, que rememora lo deshonesto cometido en el despecho.
La extrañación, que pone en evidencia el inconcluso negocio del deseo.
Y la tristeza, que trae un recuerdo tuyo, que quisiera que no existiera.
Y en mi torpe intento de alejarme, ¡cómo quisiera tu cercanía, y el cariño que se entiende como falso, y el bienestar que existe cuando se ignora al desengaño!
Quisiera borrar el doloroso esfuerzo de mi mente ilusa y que el tiempo me dejara distraerme en otras empresas del pasado, para sufrir menos (porque sufriría muchísimo menos), en vez de saberte existente y burlador de lo único que tenía y que te di sin saber su poco valor, a parecer tuyo.

Una espalda


Te levanta un muro respirante, de suaves y accidentadas paredes, tibio al tacto, donde se hunden los dedos de mis lamentos.
Muro vivo y fuerte, siempre alerta, con base ágil y cúpula alegre y joven, que invita a la caricia de tus pilares.
Muro que abrazaba a veces mi semblante con dos grandes puentes que juntaban nuestros corazones.
Aun lloro por el exilio fuera de ese muro, sin haberme nunca refugiado honesto. Mientras no tenga de mi amor embajador, siempre recordaré el muro de tu ciudad.